martes, 15 de junio de 2010

Tu, mi estrella...

Anoche soñé algo…
Y creo que fue un sueño extraño.
Estaba ahí, rodeado por todo el universo
Viendo como bailaban las constelaciones,
Aunque creo que ese baile era solo para mí.

Una gran soledad inundaba mi ser,
Siendo acompañada de una gran tristeza.
No entendía por qué tanta belleza
Mis ojos navegaban un mar de lágrimas y agonía.
Creo que es porque no tengo con quien compartir el cosmos
O quizá porque no hay nadie quien quiera hacerlo conmigo.

La vida no es fácil, la vida no es difícil
Pero todo lo que vale la pena requiere una batalla
O por lo menos una búsqueda, no muy larga ni demasiado corta…
Y estando ahí, sentado en lo que parecer ser
El hogar de un príncipe muy pequeño
Empiezo a buscar la estrella que cada noche me hacía compañía.

Hay millones de puntos allá arriba,
La noche más bella que jamás ha sido presenciada,
Y se podría preguntar “¿Cómo harías para ver entre miles de estrellas
Y centenares de soles aquella pequeña luz que te hace tan feliz?”
Y aunque la respuesta es tan confusa como siempre son las del corazón,
Solo podría asegurar que reconocería esa luz en el más brillante de los días
Y a través de las más densas nubes bajo la peor de las tormentas.

Y nada… no está ahí.
Bajo la mirada desconsolado y veo la aridez de mi silla
Y no sé si esta lúgubre vista o la esperanza de encontrarla
Lo que contiene el llanto juvenil que estaba a punto de salir;
“Los niños grandes no lloran” es lo único que me alcanzó a decir.

Me seco unas lágrimas secas y quito de mi cara un polvo invisible
Y más tranquilo me doy cuenta que una joven reposa a mi lado
Llama mi atención diciendo “¡Hola!” con una sonrisa seria pero muy tierna.
No sé si es por mi cara de sorpresa o si ya lo tenía planeado
Pero pregunta: “¿Cómo estás…?”
Jamás dos palabras han tenido tal efecto en mí psique como esas.

Su vestido blanco, tan impecable como la luna llena
Contrastaba perfectamente con su cabellera negra,
Profunda, misteriosa y a la vez seductora.
Sus ojos, aunque oscuros reflejaban el brillo de miles de nebulosas,
La inocencia de una estrella fugaz y la sabiduría de un cometa.
Aunque sus labios se podrían equiparar con el alba de primavera
Es claro que los acompaña el lucero de la mañana.

Es increíble como en tan fino cuerpo se condensa todo el universo,
Y yo, abstraído por su belleza no escucho un “¿Estás bien?”
Casi infantil pero lleno de preocupación.
Para mí no existe el tiempo estando ahí sentado a su lado.

Sé que el tiempo pasa porque el panorama cambia
Más no se cuanto ha pasado y la verdad es que no me importa.
Deteniéndome una vez más en aquella aparición celestial me doy cuenta
Que no es otra que la estrella perdida, aquella a la que he buscado
Y que tan solo ahora la logro tener a mi lado.

Las palabras sobran, ella me conoce mejor que nadie;
Puede ver a través de mí y cualquier duda que tenga no durará demasiado.
En ese momento solo quiero protegerla, hacerla feliz,
Mostrarle el mundo que solo ha visto de lejos
E iluminar sus días como ella ha iluminado tan incontables noches.

La abrazo… Todo tiene sentido mientras el tiempo colapsa ante mis ojos,
Los cierro…
Los abro… y te veo...
No eres una estrella, no estoy sentado sobre un volcancito,
No estoy rodeado por el frio eterno de un universo vacio,
Aunque estas igual de hermosa que en mi sueño
Y estas inmersa en mis brazos en el abrazo más largo de mi vida;
Antes lo sospechaba ahora, pero ahora estoy seguro,
Eres lo que tanto he esperado, no me eres extraña,
Ya que tu, sin saberlo, le dabas esperanza a mis noches.

La más grande de las verdades

Si me preguntaran en este momento sobre cómo sería el paraíso
Respondería que sería tenerte en mis brazos en un abrazo eterno.

Inefable… quien otra sino tu.

Podría decirse que existen palabras para casi todo,
Más sé que hay palabras que no logran describir ciertas cosas,
Pero son esas cosas para las que no existen palabras
Las únicas que lograrían describirte.

Ladrona

Hoy mi corazón está siendo afectado por una sensación extraña,
Y aunque es algo nuevo, me resulta familiar.
Es como si toda mi vida hubiera visto el sol a través de una cortina
Y solo ahora fuera bañado por su luz y calor.

Tu recuerdo no me ha dejado solo ni un segundo del día,
Mientras tu voz todavía retumba en el interior de mi cabeza.
Ha pasado un día sin verte y siento el peso de muchos años en mi piel
Sigo estacionado en esa despedida, en ese último abrazo…
No solo le has robado el tiempo a mi reloj,
Le has robado el brillo a las estrellas y lo mágico al atardecer.

Me has robado la cordura y la coherencia,
Me has convertido en un demente,
Ahora soy adicto a tu voz y a tu compañía.

Es como si una parte de mi se hubiera quedado a tu lado
Y tú, sin saberlo, ahora eres su dueña.